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San Francisco de Asís, una historia inconclusa.

San Francisco de Asís, una historia inconclusa.

San Francisco de Asís, es uno de los santos más conocidos y populares en todo el mundo, inclusive en ambientes alejados de la Iglesia católica. En el “dulce y mínimo” Francisco de Asís se han inspirados literatos, artistas, historiadores, políticos y hasta revolucionarios.

Este joven rico, italiano, hijo de mercaderes, después de una juventud descarriada, a la edad de 24 años, inició un proceso de conversión radical, dejó todo cuanto tenía; las riquezas, el poder, el status, una vida cómoda, lo dejó todo para vivir y servir solamente a Dios, para ser el hermano entre los hermanos, el pobre entre los pobres y despreciados, criatura entre todas las criaturas de la creación. Este desprendimiento de las cosas materiales es una de las mayores lecciones que nos deja el Santo de Asís para quienes nos afanamos siempre por “tener más” que por “ser más” humanos y hermanos.

Sin duda alguna, Francisco fue el hombre que siguió a toda costa las huellas de Jesucristo pobre y crucificado buscando sobre todo vivir como él, pero no al estilo monacal muy propio de su tiempo, sino desde la novedad de la fraternidad, que es el signo evangélico de una vocación y misión provocativa. ¿Es posible optar por la pobreza? Solo la pobreza conduce a la paz, a la transparencia y la fraternización.

Cuando el hermano Francisco y sus primeros compañeros van donde el Papa Inocencio III a pedirle que les apruebe su nuevo estilo de vida evangélica en la Iglesia. El Papa les da una aprobación provisoria y les encomienda una misión en la Iglesia: “vayan con el Señor, hermanos y según él se designe inspirarle, prediquen a todos la penitencia”. Desde ese día Francisco y sus hermanos, fieles a la misión de la Iglesia, fueron de dos en dos por todas partes del mundo a predicar el Evangelio, con palabras simples, pero eficaces y sobre todo con el ejemplo de su vida santa, teniendo a Dios como centro y meta de sus tareas apostólicas.

La predicación sencilla y profunda del hermano Francisco es de Paz y Bien, y en consecuencias la tarea evangélica de Francisco como un hombre pacífico y pacificador, era transmitir la paz a cuantos se le acercaban, pacificó a ciudades enteras, puso en paz al obispo y el alcalde de Asís, al terrible lobo de Gubbio.

Hoy podríamos decir que Francisco es el modelo de muchos movimientos modernos de la “no violencia”, de la ecología y para los que hoy trabajan por crear conciencia de paz, contra toda guerra y contra todo armamentismo disfrazado de terrorismo, y de democracia. Porque la vida de Francisco no fue desde sus inicios pacifica, él quería ser caballero y se involucró en las batallas fraticidas de su ciudad, estuvo prisionero un año, enfermó debido a los malos tratos, pero la conversión que tuvo le llevó por otros senderos.

La vida del hermano Francisco fue una gran aventura de amor divino, el amante del universo, y sobre todo hace una apuesta radical, que emprendió desde el Evangelio y en la Iglesia católica, con una fidelidad y un amor profundo a los sacerdotes, a la eucaristía y a la Iglesia, confirmando así la invitación del Cristo de San Damián “Francisco ve y repara mi Iglesia”… Este amor caracterizó su vocación y misión de reformador frente a las herejías eclesiales de su tiempo que oponían el Evangelio a la Iglesia jerárquica y a su autoridad.

La vida de San Francisco fue de servicio generoso y oración, su actitud misericordiosa y sobre todo la lucha que él va haciendo día a día en contra de su debilidad y de las tentaciones. La vida de un Santo no es siempre fácil y sonriente. La santidad es el fruto de luchas penosas, con cumbres luminosas y simas de fragilidad en la noche oscura que cede…

En el año de 1224, dos años antes de su dichosa muerte en 1226, el hermano Francisco y algunos de sus frailes subieron al monte Alverna para hacer la cuaresma en honor a San Miguel Arcángel, ahí un día en contemplación Francisco recibió del mismo Cristo crucificado, el sello místico, es decir, el misterio místico de las llagas, que lo hizo conforme al mismo crucificado también en su cuerpo, por dos años. Por ello a San Francisco no dudan en llamarle “Alter Christus” el otro Cristo en la tierra.

Expresamente, el don de las llagas se convierten en una revelación vital de la verdad más profunda del Poverello de Asís frente al misterio del Dios-Amor. Es la imagen del Dios que ha sido crucificado, que sufre profundamente, es el Dios que ha dicho: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra” (Gn 1, 26).

Recordemos que la persona es un proyecto de Dios, ha sido creada a su imagen y está destinado a participar de su vida divina –vocación divina-; por eso tiene conciencia de esa realidad misteriosa y compleja, es un “ser” de Dios y Dios se revela gratuitamente en su misterio trascendente divino; ya que “para Dios todo es posible” Mt 19, 26.

Los estigmas de Francisco son el sello místico, imagen de la imagen latente del seguimiento del crucificado, de la fidelidad a la Palabra que ofrece la revelación de la imagen divina, del abrazo a los leprosos –imaginante-, dinamismo evangélico vivido a lo largo del itinerario espiritual recorrido, proclamando la fe, la esperanza y el amor absoluto a Dios. Por esa razón se afirma, que el seguimiento del crucificado es desde la perspectiva de la fe en el resucitado. El misterio de la muerte y de la vida, como lo afirma San Pablo: “Fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación” (Rom 4, 25).

Pero también en este sentido hay que comprender el profundo contraste de las llagas –teología mística- con el camino de nuestra sociedad actual, la globalización, la ilusión peligrosísima que hoy se cifra en el activismo, el razonamiento de todo, el consumismo desenfrenado e idolátrico, la estrategia de la exclusión económica, de las guerras es una estrategia antihumana y anticristiana, todo esto es fuga de la cruz de Jesús y de los crucificados.

El camino –realidad salvífica- hacia la meta del cristiano de ayer y hoy es muy distinto: está señalado con la cruz –realidad escatológica-, lógica del amor que nos escandaliza, pero que nos conduce a la pascua de Cristo a través de su Iglesia. Encontrándonos nuevamente en el camino estrecho (Mt 7, 14) su derrotero es opuesto al que prefieren gran parte de los hombres y mujeres de hoy, está codificado en el sermón de la montaña y por la liturgia eucarística.

En resumen, los escritos mistográficos –fuentes hagiográficas- reflejan que Francisco fue tan pobre y humilde que ya no irradiaba más, pero sí totalmente, la persona de Cristo y su espíritu, haciéndose visible, audible, palpable, como nadie, en sus manos, sus pies y costado (2 Celano 219).

Que el ejemplo del pobrecillo de Asís nos enseñe hoy a todos nosotros, que tenemos y debemos de vivir como hermanos, como Iglesia misionera, como comunidad de creyentes comprometidos y en obediencia a la Iglesia, como Jesús quiere y nos ha dejado dicho en su Santo Evangelio. Necesitamos crear caminos de fraternidad y construir la “civilización del amor”.

 

Seráfico Padre Francisco, ruega por nosotros.

 

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Fr. Anselmo Maliaño Téllez OFM

Poeta y escritor, religioso franciscano. Orden de Frailes Menores.

Sobre el autor

Fr. Anselmo Maliaño Téllez OFM

Poeta y escritor, religioso franciscano. Orden de Frailes Menores.

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