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Padre Juan Ramón Moreno Pardo, Sacerdote Jesuita

Padre Juan Ramón Moreno Pardo, Sacerdote Jesuita

22.1. Nacimiento y vida.

131. El Padre Juan Ramón S.J., nació el 29 de agosto de 1933 en un municipio de Navarra de la Comunidad Foral, llamado Villatuerta, España. Ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús de Orduña, un 14 de septiembre de 1950, llegando al noviciado de Santa Tecla, al siguiente año. Celebró su ordenación sacerdotal en Saint Mary’s, Kansas, un 14 de junio de 1964. De regreso a nuestro país, prestó sus servicios, en el Seminario San José de la Montaña como padre espiritual y profesor; fue ejercitador y director espiritual de religiosas, religiosos, sacerdotes y seminaristas, rector del Colegio Externado de San José, maestro de novicios de la Compañía de Jesús; y profesor de la UCA.

22.2. Pasión martirial

132. La pasión del Padre Moreno S.J., puede ser comprendida desde sus escritos, compilados en un pequeño; pero enriquecedor, libro llamado Evangelio y Misión129. Apoyándose en el numeral octavo de la Lumen Gentium, el Padre Juan Ramón comprendió, el talante jesuánico de la misión y la evangelización: Como Cristo realizó la obra de la redención en pobreza y persecución, de igual modo la Iglesia está destinada a recorrer el mismo camino… así también la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo; entresacando interesantes conclusiones de las cuales me limitaré a mencionar dos: Una, el movimiento de Jesús, como el movimiento de Dios, lleva indefectiblemente a los pobres. Dos, Jesús a pesar de asumir la condición de esclavo no por ello, parcializa la salvación: Se despoja de todo… y desde ahí ofrece la salvación a… los amos liberándolos de su ambición de poder y tener, a los esclavos liberándolos de las cadenas de dominación y explotación, que les impiden llevar una vida humana y los mantiene clavados a la cruz de un lento morir130.

133. El salir en misión con un mensaje de esta naturaleza provoca el rechazo y la enemistad de/con los señores de este mundo y entonces, nos explica el Padre Moreno: Encontrarán aplicación las palabras de Jesús: si el mundo los odia sepan que a mí me ha odiado antes que a ustedes. Ciertamente que el mundo no aborrece a quien no toma posición frente a él, posiciones que cuestionan o amenazan su forma concreta y empecatada de actuar y estar estructurado131. La muerte martirial no le habrá tomado por sorpresa. Sabía que su fin último podía ser la muerte en cruz; algo que no le contuvo de abrazar la misión encomendada por Jesús: Nuestra vocación de pastores es un nuevo motivo para asumir de tal manera el derecho de los débiles que no rehusemos arriesgar la vida por ellos. Y todo por amor ¿No es esto lo que nos enseña el buen pastor?… esto es precisamente lo que ha sabido hacer nuestro hermano Rutilio Grande. Su figura acribillada historiza hoy, aquí, en Centroamérica, al buen pastor132.

134. Palabras de un mártir que cuestionan a nuestra Iglesia: ¿No será que nos hemos acomodado olvidando el mandato principal de Cristo de salir en misión? ¿Tenemos miedo a morir? ¿Tenemos miedo a enfrentar los riesgos de la misión? Veamos a Cristo; y en Él, veamos al Padre Rutilio Grande S.J., de quien el Padre Moreno nos recuerda: Dichosos los pobres, porque hay hombres que viven y mueren por los valores del reino; porque hay pastores que dan la vida por sus ovejas. Hombres como él son los que convierten a la Iglesia en maestra de humanidad y hacen que la juventud no tenga que ir a buscar su inspiración y sus modelos en otros humanismos133. Dichosos nosotros que contamos con este talante de mártires que hicieron de su pasión, el preludio de una muerte martirial y no motivo de desesperación como el Iscariote. Estoy convencido de que el Padre Moreno nos grita desde el cielo: ¡No huyan de la cruz, carguen con ella y cumplan la misión que les fue encomendada porque Cristo está con ustedes hasta el fin del mundo! No en vano, ese histórico 16 de noviembre de 1989, sus enemigos arrastraron su cuerpo inerte desde el jardín hasta la habitación del Padre Jon Sobrino S.J., cayendo por efecto del movimiento, el libro El Dios crucificado, el cual coloreó con su sangre como señal, quizá de que, la sangre de su martirio quedaba unida con la sangre del Mártir en Plenitud.

 

Tomado Textualmente de II carta pastoral de monseñor Luis Escobar Alas: “Ustedes también darán testimonio, porque han estado conmigo desde el principio (Jn 15, 27)” Imagen destacada Cortesia de Arquitecto Rene Belloso, de La parroquia San Antonio de Padua, Vicaria de Candelaria.

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