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Padre Joaquín López y López, Sacerdote Jesuita

Padre Joaquín López y López, Sacerdote Jesuita

23.1. Nacimiento y vida.

135. El Padre Joaquín S.J., nació el 16 de agosto de 1918, en la histórica ciudad de Chalchuapa, Departamento Santa Ana, El Salvador. Ingresó a la Compañía de Jesús, en 1938. Fue enviado al noviciado de El Paso en Texas; y fue ordenado en 1952, en Oña, España. De regreso a nuestro país, se incluyó al trabajo del Colegio Externado de San José; y, sobre todo, a la educación de las clases menos privilegiadas: En 1969, con la ayuda de un grupo de señoras… consiguió un poco de dinero, que complementó con un préstamo bancario y fundó Fe y Alegría. Abrió dos talleres de carpintería en el barrio Santa Anita, puso otro de corte y confección en La Chacra e inauguró tres escuelas primarias – una en la colonia Morazán, otra en Acajutla y la tercera en San Miguel134.

23.2. Pasión y muerte martirial

136. Incuantificable fue el sufrimiento que su misión entre los pobres le causó; uniéndose a ello, el padecimiento de cáncer. Enfermedad mortal que no provocó su retiro ni sirvió de pretexto para trabajar sin compromiso, como nos explica el Padre Rodolfo Cardenal S.J.: Aunque sabía que sus fuerzas estaban abandonándolo, su ánimo no decayó; siguió trabajando como siempre, sin descanso; como si tuviera por delante todo el tiempo imaginable. Sus asesinos le adelantaron varios meses una dolorosa muerte135. ¡Sí! Es cierto que adelantaron su muerte; empero no tenían derecho a quitarle su vida.

137. En síntesis, la muerte martirial de estos seis sacerdotes, constituye para los tribunales humanos, un crimen de lesa humanidad (¡Que nunca prescribe ni prescribirá!); por lo que, para su exacta descripción quiero citar – así como lo hice con el crimen de las tres religiosas y una seglar – los informes de la Comisión de la verdad: En las primeras horas del 16 de noviembre de 1989, un grupo de efectivos del Batallón Atlacatl ingresó al recinto de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) en San Salvador. Se dirigieron al edificio del Centro Pastoral donde residían los sacerdotes jesuitas… los militares intentaron forzar la entrada del Centro Pastoral. Al darse cuenta los sacerdotes les dieron entrada voluntariamente. Los efectivos del ejército registraron el edificio y ordenaron a los sacerdotes salir al jardín posterior y tenderse boca abajo. El teniente al mando; José Ricardo Espinoza Guerra, dio la orden de matar a los sacerdotes. El soldado Oscar Mariano Amaya Grimaldi dio muerte a tiros a los sacerdotes Ellacuría, Martín-Baró y Montes; el Subsargento Antonio Ramiro Avalos Vargas, a los sacerdotes López y Moreno. Poco después los soldados, entre ellos, el Cabo Ángel Pérez Vásquez, encontraron al sacerdote Joaquín López y López en el interior de la residencia y le dieron muerte. El Subsargento Tomás Zarpate Castillo le disparó a la señora Julia Elba Ramos, quien trabajaba en la residencia, y a su hija de dieciséis años, Celina Mariceth Ramos. El soldado José Alberto Sierra Ascencio disparó contra ellas, nuevamente, rematándolas. Los efectivos del Atlacatl se apoderaron de un maletín que pertenecía a los sacerdotes, y con él, fotografías, documentos y cinco mil dólares. Los soldados dispararon con una ametralladora contra la fachada de la residencia y lanzaron cohetes y granadas. Antes de retirarse escribieron en un cartón: “El FMLN hizo un ajusticiamiento a los orejas contrarios. Vencer o morir, FMLN”136.

138. Con los Padres Jesuitas también murieron dos inocentes mujeres: Julia Elba y Celina Ramos, también ellas son igualmente mártires. Julia Elba nació el 5 de marzo de 1947, en un cantón de Santiago de María, llamado Las Flores. De condición humilde, sufrió desde pequeña el significado real de la pobreza. Su madre dedicada a la venta de frutas y su padre administrador de una finca no pudieron ofrecerle más que una vida sencilla. Con su esposo Obdulio su situación no cambió significativamente. Se dedicó al hogar, ayudando a su esposo en la milpa; y por supuesto, al cuidado de sus hijos. especialmente, al cuidado de Celina, dado que, sus dos hijos habían muerto. Uno al nacer y otro un poco después. Entró en contacto con los Padres jesuitas en 1985. Año en que fue contratada como cocinera por los Padres. El Padre Cardenal la describe como una mujer: Excepcional, fiel, discreta, intuitiva y alegre137. Celina Ramos, su hija a quien murió protegiendo con su cuerpo, nació el 27 de febrero de 1973, en Jayaque, La Libertad. Estudió en la Escuela Santa Luisa de Marillac y el Instituto José Damián Villacorta en Santa Tecla. No logró terminar su bachillerato ni casarse con su novio como habían pensado porque la muerte propiciada por los enemigos de la Iglesia y del pueblo, le arrebató su corta vida; dejando a su padre Obdulio en soledad.

139. No cabe duda: Crimen horroroso al que se suma, el engaño y el robo. Los padres jesuitas abrieron las puertas confiando que eran miembros encargados de la seguridad; no del crimen. Aunque muy seguramente, tras la experiencia previa de tantos mártires, habrán creído que más que una posibilidad, su muerte era un hecho consumado. No contentos con haberles arrebatado la vida, se aprovecharon de las víctimas, despojándoles de sus pertenencias. Cuando considero este crimen; amadísimos hermanos y hermanas; pienso en Cristo por tres razones. La noche de su prendimiento, San Juan, nos comenta que Jesús, a los guardias que inquirían por él, les respondió: Yo soy, a pesar que: Sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta: ¿A quién buscan? (Jn 18, 4). Así, mis hermanos sacerdotes se adelantaron a abrir la puerta a sus propios captores y asesinos, dando su vida por amor a nuestro pueblo, en quien miraban reflejado a Cristo crucificado. Una vez crucificado, el Divino Traspasado: Los soldados… tomaron sus vestidos, con lo que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica… para que se cumpliera la Escritura: Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica (Jn 19, 23-24). En nuestro caso, los asesinos tomaron las prendas de los sacerdotes y es más que seguro, se repartieron el dinero. Por último, en la cruz colgaron un letrero conteniendo un falso argumento sobre su muerte: Jesús el Nazareno, el rey de los judíos (Jn 19,19), cuando sus palabras habían sido: Mi reino no es de este mundo (Jn 18, 36). De igual forma a mis queridos hermanos jesuitas, los acusaron de ser “orejas”. Si la búsqueda del diálogo, la conciliación, el perdón, la justicia, el amor fraterno, la solidaridad con los pobres, es ser “orejas”, que confundidos estaban los enemigos. Con dolor repito, aquellas palabras de Cristo, a quienes les mataron, si aún no se han arrepentido de su crimen: Oír, oirán, pero no entenderán, mirar, mirarán, pero no verán. Porque se ha embotado el corazón…, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado (Mt 13, 14-15).

140. No emboten su corazón queridos míos. Tampoco jueguen con Dios. Es cierto que Dios es misericordioso; pero todo lo ve. Advertencia que Malaquías hizo a sus contemporáneos que se negaban a servir a Dios y seguir sus mandamientos: Miren que llega el día, ardiente como un horno, cuando arrogantes y malvados serán la paja (Mal 3, 19). Vean que a los que así mataron eran inocentes de esas terribles acusaciones. Nunca fueron comunistas, ni politiqueros, ni curas de la nueva ola. Jamás fueron orejas, ni difamadores ni teólogos contrarios a la Tradición o al Magisterio. Sólo fueron sacerdotes consagrados a Cristo que, siguiendo los lineamientos del Espíritu Santo manifestados en el Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla hicieron la voluntad del Padre. Su misma postura al momento de morir: Postrados en el suelo como el día de su ordenación, cuando la Iglesia entera, entona las letanías invocando a la Corte celestial y a la Asamblea de los Santos, para que rueguen por el ordenado. Esa noche martirial, fue la Iglesia celestial que entonó las letanías, con suma certeza, para darles fortaleza en la hora de su martirio. No se me escapa que acusaciones en contra de ellos, las hay muchas. Basta de repetirlas y acerquémonos a sus figuras, a su pensamiento, intentando comprender el bien que deseaban para este país. El bautismo de sangre les consagra como verdaderos testigos de la fe, hermanos mayores nuestros que nos precedieron camino al reino de los cielos.

 

Tomado Textualmente de II carta pastoral de monseñor Luis Escobar Alas: “Ustedes también darán testimonio, porque han estado conmigo desde el principio (Jn 15, 27)” Imagen destacada Cortesia de Arquitecto Rene Belloso, de La parroquia San Antonio de Padua, Vicaria de Candelaria.

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