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Padre Ignacio Martín Baró, Sacerdote Jesuita

Padre Ignacio Martín Baró, Sacerdote Jesuita

19.1. Nacimiento y vida.

122. El Padre Baró nació en Valladolid, España un 7 de noviembre de 1942. A sus 17 años, sintiendo el llamado de Dios, ingresó al noviciado jesuita de Orduña; exactamente, el 28 de septiembre de 1959. Llegó a tierra salvadoreña en la década del sesenta. Se dedicó a impartir clases en el Colegio Externado de San José; impartió psicología en la Escuela Nacional de Enfermería en Santa Ana; formó parte de la Junta de Directores y ocupó altos cargos en la UCA; escribió en revistas nacionales e internacionales, además de escribir varios libros, referidos especialmente, a la psicología; fundó en 1986, el Instituto Universitario de Opinión Pública; y fue pastor, en la Parroquia de Jayaque. Fue un pastor feliz y entregado a su misión: Siempre tenía dulces para repartir entre niños y niñas. Consiguió una imagen de la Virgen para la ermita, donde celebraba, y material de construcción para un puente. A sus estudiantes de la UCA les pedía algunas cosas para la parroquia – dulces, galletas, juguetes e incluso un altar. Con el dinero que le daban en sus viajes adquiría otras cosas… pintura, madera, clavos, etc. – e incluso ayudaba a algunos de sus feligreses más necesitados… organizaba con ellos cursillos y paseos…122. Desafortunadamente, el odio de sus enemigos le atrajo el martirio.

19.2. Pasión martirial

123. Su seguimiento de Jesús y su trabajo apegado a los lineamientos del Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla, le provocaron mucho sufrimiento. Nadie denuncia el pecado y anuncia la Buena Nueva sin pagar el precio. Posiblemente, algunos critiquen a los Padres jesuitas por no haber abandonado el país antes de morir. No fue un acto de irracionalidad permanecer aquí. Simplemente fue fidelidad a su misión de amar a los más pobres, a los débiles, a los marginados, a los torturados, a los despreciados por los poderes de este mundo.

124. Desarrolló y aprovechó su psicología liberadora para denunciar las estructuras torcidas del país que, perjudicaban el desenvolvimiento psicológico y social de las personas: Sin darnos cuenta nos hemos acostumbrado a que los organismos institucionales sean precisamente lo contrario de lo que les da razón de ser: quienes deben velar por la seguridad son la fuente principal de inseguridad, los encargados de la justicia amparan el abuso y la injusticia, los llamados a orientar y dirigir son los primeros en engañar y manipular… en este ambiente de mentira, desquiciado por la polarización social y sin un terreno para la sensatez y la racionalidad, la violencia se enseñorea de la vida de tal forma que… llega a pensarse que la violencia es la única solución al problema de la misma violencia123. Denunció que la peor parte correspondía a los pobres: Una es la guerra que tiene que sufrir en carne propia el campesino y otra muy distinta la que en sus pantallas de televisión contempla el burgués industrial. En El Salvador, quienes van al campo de batalla son mayoritariamente los pobres, los hijos de los campesinos o de los marginados urbanos, no los hijos del patrón o del profesional124. Palabras de este tenor, no dejaron de provocar molestia en las personas que habían hecho de la guerra un lucrativo negocio, pese a miles de víctimas que, caían heridas o muertas a diario hasta alcanzar las cifras desbordantes con que cerró la guerra civil en 1992, tras unos Acuerdos de Paz cuyos resultados siguen sin verse concretizados de manera efectiva.

125. Su pasión martirial incluyó enfermedades y varios padecimientos: Las horas de insomnio podía llenarlas con la lectura o la radio; pero era inevitable que contribuyeran a deteriorar su salud. Sufrió de la espalda y de un brazo. Este último le fue intervenido quirúrgicamente… poco antes de morir tuvo neumonía125. Padecimientos a los que se unía la constante zozobra de una posible muerte martirial, alejado de su familia. La noche antes de morir – tal vez presintiendo cercano su fin – llamó a su hermana, a quien sólo quedó unas horas después, el recibir, la dolorosa noticia de su asesinato. Sufrió sin dejarse vencer, sufrió en cumplimiento de su misión; sufrió hasta nacer para el cielo.

 

Tomado Textualmente de II carta pastoral de monseñor Luis Escobar Alas: “Ustedes también darán testimonio, porque han estado conmigo desde el principio (Jn 15, 27)” Imagen destacada Cortesia de Arquitecto Rene Belloso, de La parroquia San Antonio de Padua, Vicaria de Candelaria.

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