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Fundamentos de la acción pastoral en Mons. Óscar Arnulfo Romero Galdámez (1917-1980).

Fundamentos de la acción pastoral en Mons. Óscar Arnulfo Romero Galdámez (1917-1980).

Fundamentos de la acción pastoral en Mons. Óscar Arnulfo Romero Galdámez (1917-1980).

  1. El magisterio de la Iglesia: Medellín

En 1968, hoy hace 50 años, se llevó cabo la segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín, Colombia. Recordemos que Monseñor Romero funge como secretario de la Conferencia episcopal salvadoreña en el período de 1967 a 1969 y en 1970 es nombrado obispo auxiliar de arquidiócesis de San Salvador.

Vamos a señalar tres aportes pastorales que Mons. Romero retoma de este documento valioso, aprobado por el ahora San Pablo VI: el primero es la espiritualidad encarnada en la realidad, desde los fundamentos bíblicos en donde Dios libera a su pueblo[1] de la miseria y del sufrimiento que es el resultado de unas estructuras de pecado y de muerte[2]. El segundo aspecto es la necesidad de un cambio profundo[3], no se puede vivir en una sociedad así de injusta y desigual y, el tercer aspecto es la conversión de la Iglesia a los pobres[4].

En su ministerio episcopal Mons. Romero se deja guiar por la fuerza espiritual que tiene el Concilio Vaticano II y sobre todo Medellín, y fue en realidad un claro defensor de esos principios importantes que se emanaron de esos documentos que, influyeron profundamente en su modo de actuar, en su praxis pastoral. En un editorial de la revista Estudios centroamericanos se afirma: “… el nuevo arzobispo debiera poseer un conocimiento teórico y práctico de las nuevas direcciones eclesiales y una simpatía fundamental hacia la dirección abierta por Medellín, y desarrollada ya en causes concretos”[5].

Asimismo, su fidelidad al magisterio de la Iglesia está presente en sus homilías[6] y sobre todo en las cartas pastorales que publicó. Es decir, Mons. Romero no se queda en la teoría sino que busca aplicar las conclusiones del documento de Medellín a la realidad salvadoreña para que se genere un cambio total en las estructuras de esta sociedad marcada por la desigualdad, el conflicto, la violencia y la persecución a la Iglesia.

“Todo es evolución en la vida. La Iglesia se renueva. No podemos conservar tradiciones viejas que ya no tienen razón de ser. Mucho más aquellas estructuras en las cuales se ha entronizado el pecado y, desde esas estructuras, atropella, hace injusticias, comete desórdenes. No podemos calificar de cristiana una sociedad, un Gobierno, una situación, cuando en estas estructuras, envejecidas e injustas, nuestros hermanos sufren tanto” Homilía del 25 de febrero de 1979.

Mons. Romero reconoce que la vivencia radical del magisterio eclesial le trajo serios y graves conflictos a lo interno y externo de la Iglesia. Muchos sacerdotes y obispos no comprendían la línea pastoral de Medellín[7], y a nivel político[8] esto causó el rechazo hacia su persona por algunos sectores de la sociedad que ya estaba polarizada[9].

Así lo señala en su homilía: “Le dije al Santo Padre en Roma: Santo Padre, acatar las doctrinas de la Santa Sede, del magisterio, elogiarlas, alabarlas, defenderlas teóricamente es muy fácil; pero cuando se trata de encarnar esa doctrina y hacerla vida en una diócesis, en una comunidad y señalar los hechos concretos que están contra esa doctrina, entonces surgen los conflictos”. Homilía del 16 de julio de 1978.

A pesar del conflicto que surge por aplicar a la luz de la Palabra de Dios el magisterio de la Iglesia, Mons. Romero profundiza y asume en la tarea pastoral las enseñanzas y conclusiones de Medellín: “A nosotros, pastores de la Iglesia, nos corresponde educar las conciencias, inspirar, estimular y ayudar a orientar todas las iniciativas que contribuyan a la formación del hombre. Nos corresponde también denunciar todo aquello que, al ir en contra la justicia, destruye la paz” Med 2, 20.

Otra de las tareas que asume con responsabilidad es, como señala el documento de Medellín: “La Iglesia ha buscado comprender este momento histórico del hombre latinoamericano a la luz de la palabra, que es Cristo, en quien se manifiesta el misterio del hombre” Introducción 1.

El documento de Medellín es más enfático a la hora de la liturgia y dice: “Hacer que nuestra predicación, catequesis y liturgia tengan en cuenta la dimensión social y comunitaria del cristianismo” (2, 24), y también: “Promuévase una genuina espiritualidad de los laicos a partir de su propia experiencia en el mundo, ayudándoles a entregarse a Dios en el servicio de los hombres y enseñándoles a descubrir el sentido de la oración y de la liturgia como expresión y alimento de esa doble reciproca entrega” (10, 17).

Mons. Romero asume el magisterio de la Iglesia y desde ahí analiza la realidad de su pueblo y entonces llama a la conversión para transformar la misma realidad de violencia que se da en el país. Ante la persecución y violencia actuó con fe[10], responsabilidad y credibilidad del Evangelio y del magisterio, haciendo llamados urgentes a la conversión, es más, exige al Estado el respeto a los derechos humanos, el respeto a la dignidad de la personas, evitando la violencia y la persecución contra algunos líderes de la Iglesia.

Mons. Romero estaba convencido totalmente de que esa era su misión en la Iglesia, que esa era una evangelización comprometida con los que sufren y pasan situaciones de injusticia cotidiana.

En repetidas ocasiones, Mons. Romero, como arzobispo, sintió que este compromiso le traía más conflictos[11]: “Muchos andan diciendo que yo soy presionado y que estoy predicando cosas que yo no creo. Hablo con convicción; sé que les estoy diciendo la Palabra de Dios. He confrontado su palabra y con el magisterio, y creo en mi conciencia que voy bien” Homilía del 15 de mayo de 1977.

Mons. Romero reconoce que por ignorancia y por falta de conocimiento del Magisterio de la Iglesia mucho lo critican en su modo de actuar y en su vivencia de la pastoral. Así lo afirma: “Es una lástima que muchos están conociendo esos documentos a través de anteojos falsos, vidrios que distorsionan son esas publicaciones tendenciosas, dispuestas a que el mundo crea que la Iglesia es marxista, y muchos no conocen los documentos de Medellín más que a través de esas columnas venenosas. Y así, se trata de que estos documentos de Medellín hay que conocerlos en su propia fuente…” Homilía 14 de agosto de 1977.

En realidad los documentos del magisterio de la Iglesia causaron en una buena parte de la Iglesia y de otros sectores sociales cierto miedo y dudas. Mons. Romero es muy claro a la hora de abordar este problema: “Cuando mencionamos los documentos de Medellín muchas gentes se asusta, pero es porque no los saben leer. Medellín es el pensamiento de la Iglesia para el continente latinoamericano. Naturalmente que muchos han abusado de esos documentos, así como también otros lo consideran como un tabú de miedo. No es otra cosa que la inspiración cristiana a los pueblos latinoamericanos”. Homilía del 22 de enero de 1978.

Para ir finalizando, Mons. Romero fue muy consecuente en su acción pastoral y señala con mucha convicción y fe: “La Iglesia jamás predica el odio. La Iglesia siempre predica el amor. Y la Iglesia, cuando reclama lo que llamó la Asamblea episcopal de Medellín “la violencia institucionalizada”, tiene que gritar violenta como los profetas, cuando violentos gritaban contra el orden injusto de su tiempo”. Homilía del 6 de agosto de 1977.

Es más en esa búsqueda de las causas que originan la violencia, Mons. Romero afirma: “…hay otra cosa muy importante que como cristianos tenemos que comentar; y es que si tenemos que condenar estas estructuras de pecado en que vivimos, esta podredumbre que presiona, lastimosamente, a muchos hombres a tomar opciones tan radicales y violentas. Los culpables, pues, son, precisamente, los que mantienen esas estructuras de injusticia social, que hacen perder la esperanza de que se puedan arreglar de otro modo más que con la violencia” Homilía del 13 de enero de 1980.

Otro documento del magisterio de la Iglesia que Mons. Romero asume y operativiza es Puebla, la tercera reunión de los obispos latinoamericanos, “Presentar oficialmente a la arquidiócesis todo el espíritu de Puebla, que el Papa ha recomendado que pronto se haga vivencia de nuestras comunidades y que se tomen en cuenta esas directrices de aquella histórica conferencia. Y con esa luz de puebla y con la auscultación de los sentimientos de nuestra Iglesia, formar una luz que ilumine la crisis del país” Homilía del 6 de agosto de 1979.

En general, las homilías y las cartas pastorales de Mons. Romero, expresan el deseo profundo del magisterio de la Iglesia, lo que da consistencia a la espiritualidad –praxis de Jesús de Nazaret por los pobres y pequeños- y una pastoral encarnada en este ambiente histórico de violencia y de conflicto[12].

Una clave de la dimensión espiritual la encontramos entonces en la praxis evangélica de los documentos del magisterio, en realidad es una opción teológica –pastoral- que en fidelidad a su pueblo martirizado asume hasta las últimas consecuencias. Por eso algunos teólogos, junto a otros obispos mártires de la justicia han llamado a Mons. Romero un verdadero Padre de la Iglesia latinoamericana.

La santidad de Mons. Romero es un reto para los cristianos de hoy, nos invita a vivir de acuerdo al Evangelio y los documentos del Magisterio de la Iglesia para asumir con profetismo y fidelidad la realidad que nos toca vivir hoy. Y esto justifica la importancia de profundizar más en los documentos, más aún en un contexto de muchas injusticias y desigualdades en nuestra sociedad.

Hoy al hacer memoria de estos 50 años del documento de Medellín y de analizar como Mons. Romero con valentía profética asumió el caminar con su pueblo pobre y víctimas de los atropellos del poder opresor… constituye para nosotros “una nueva manera” de hacer pastoral desde el magisterio de la Iglesia, que es la praxis histórica de la revelación de Dios de cara a los desafíos sociales actuales.

En realidad, San Romero tiene mucho que decirnos y nosotros tenemos que santificarnos en esta Iglesia, sirviendo a los más pobres…

¡Viva San Romero de América…! ¡Viva nuestro santo y protector!

 

Bibliografía utilizada

Álvaro Artiga González., Una sociedad según el corazón de Dios. La polis cristiana en el pensamiento de monseñor Oscar A. Romero. UCA editores, San Salvador, 2017.

Revista de Teología Pastoral, SalTerrae, “San Romero de América”. Vida y significado de Monseñor Romero. Tomo 104, N. 1. 211. Mayo de 2016.

Revista Latinoamericana de Teología, UCA, San Salvador, N. 103, enero-abril 2018.

[1] En realidad el documento es muy claro en este aspecto: “Así como otrora Israel, el primer pueblo de Dios, experimentaba la presencia salvífica de Dios cuando liberaba de la opresión de Egipto, cuando lo hacía pasar el mar y lo conducía hacia la tierra de la promesa, así también nosotros, nuevo pueblo de Dios, no podemos dejar de sentir su paso que salva, cuando se da “El verdadero desarrollo, que es para cada uno y para todos, el paso de condiciones de una vida menos humana, a condiciones más humanas” (6).

[2] Muchos obispos latinoamericanos, al igual que Mons. Romero, asumieron las líneas pastorales de Medellín,  denunciaban la situación de violencia y pecado en la que vivía la gente, sobre todo lo que más afectaba a los pobres. En su carta pastoral de 1978, afirma: “Y una violencia que solo podrá mantenerse con la ayuda de otra violencia represiva, puesto que generará irremediablemente una reacción violenta, sediciosa o terrorista”… Hay que añadir, el llamado a la conversión como un paso esencial para que no se les explotara y más bien se contribuyera a su promoción humana como personas. Además pedían a toda la Iglesia hacerse pobre e ir a los pobres…

[3] Afirman los obispos en Medellín (1, 16): “La carencia de una conciencia política en nuestros países hace imprescindible la acción educadora de la Iglesia, con el objeto de que los cristianos consideren su participación en la vida política de la Nación como un deber de conciencia y como el ejercicio de la caridad, en su sentido más noble y eficaz para la vida de la comunidad”.

[4] Los obispos señalan: “Hemos visto que nuestro compromiso más urgente es purificarnos en el espíritu del Evangelio todos los miembros e instituciones de la Iglesia Católica. Debe terminar la separación entre la fe y la vida, porque en Cristo Jesús lo único que cuenta es “la fe que obra por medio del amor”. Además, es necesaria una pastoral que “promueva constantemente una re-conversión y una educación de nuestro pueblo en la fe a niveles cada vez más profundos y maduros, siguiendo el criterio de una pastoral dinámica, que en consonancia con la naturaleza de la fe, impulse al pueblo creyente hacia la doble dimensión personalizante y comunitaria” (6,8.15).

[5] Álvaro Artiga González., Una sociedad según el corazón de Dios. La polis cristiana en el pensamiento de monseñor Oscar A. Romero. UCA editores, San Salvador, 2017. p. 75.

[6] “Estas homilías quieren ser la voz de este pueblo, quieren ser la voz de los que no tienen voz. Y por eso, sin duda, caen mal a aquellos que tienen demasiada voz, esta pobre voz que encontrará eco en aquellos que […] amen la verdad y amen de verdad a nuestro querido pueblo” Homilía del 29 de junio de 1979.

[7] “La Iglesia no puede estar ausente en esas luchas de liberación; pero su presencia en esas luchas por levantar, por dignificar al hombre, tiene que ser […] una presencia muy original” Homilía del 14 de marzo de 1977.

[8] No hay que olvidar, que la tercera carta pastoral de Mons. Romero, titulada La Iglesia y las organizaciones políticas populares (1978).

[9] Y por favor, cesen de propalar calumnias; cesen de perseguir la misión de la Iglesia; cesen de sembrar discordias y rencores; cesen de propalar esa filosofía de la maldad, de la venganza; y unámonos todos para hacer de nuestra patria, una patria más tranquila; en que no haya tanta desconfianza de unos contra otros; en que no andemos huyendo como si estuviéramos en una selva de las fieras; en que vivamos de veras como hermanos, sino por la fe en una resurrección, en un Cristo, al menos por un sentido nacional, al menos por un sentido humano, por un sentido de fraternidad” Homilía del 12 de mayo de 1977.

[10] “Debemos estar claros desde el principio de que la fe cristiana y la actuación de la Iglesia siempre han tenido repercusiones sociopolíticas. Por acción o por omisión, por la connivencia con uno u otro grupo social los cristianos siempre han influido en la configuración sociopolítica del mundo en que viven. El problema es cómo debe ser el influjo en el mundo sociopolítico para que ese influjo sea verdaderamente según la fe”. Discurso Honoris Causa en Lovaina.

[11] En aquel tiempo las acusaciones en contra de Mons. Romero eran fuertes, los periódicos se encargaban de eso, por ejemplo el periódico La Opinión, publicó el siguiente artículo en primera plana: Mons. Romero dirige grupo terrorista. Ante estas y otras acusaciones falsas Mons. Romero en una de sus homilías dijo: “Ya no es tiempo de estar confundiendo, por ejemplo, los documentos de Medellín con el marxismo. Ahí está saliendo en un periódico de la ciudad una columna venenosa, en que está tratando de interpretar Medellín con categorías marxistas, eso es pura calumnia”. Homilía del 22 de mayo de 1977.

[12] Mons. Romero se alegra de que esta sea la causa de persecución contra la Iglesia: “El cristiano que no quiere vivir ese compromiso de solidaridad con el pobre, no es digno de llamarse cristiano”. Homilía del 17 de febrero de 1980.

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Fr. Anselmo Maliaño Téllez OFM

Poeta y escritor, religioso franciscano. Orden de Frailes Menores.

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Fr. Anselmo Maliaño Téllez OFM

Poeta y escritor, religioso franciscano. Orden de Frailes Menores.

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