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La Navidad, el día más esperado por toda la humanidad ha llegado

La Navidad, el día más esperado por toda la humanidad ha llegado

La Navidad es sin duda un día para estar alegres. «Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque» (Sal 95, 11-12).

«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande» (Is 9, 1).

«Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor»

Por eso en la noche de Navidad resuenan en el mundo entero cantos de alegría, en todas las lenguas de la tierra. Son cantos que tienen un atractivo singular y contribuyen a crear el clima inconfundible de este periodo del año litúrgico. Verdaderamente, como dice el profeta Isaías, «acreciste la alegría, aumentaste el gozo» (Is 9, 2).

Ha nacido la gracia de Dios que trae la salvación» (Tt 2,11).

En este Niño ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación a todos los hombres. Esta gracia es ante todo él mismo, el Hijo unigénito del Padre eterno, que en esta hora se hace hombre naciendo de una mujer. Su nacimiento en Belén constituye el primer momento de la gran revelación de Dios en Cristo. Los pastores llegan al establo y encuentran «al Salvador del mundo, que es Cristo el Señor» (cf. Lc 2, 11). Y aunque sus ojos ven a un recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre, en aquel signo reconocen, gracias a la luz interior de la fe, al Hijo del Padre eterno. En él se manifiesta el amor de Dios por el hombre, por toda la humanidad. Aquel que nace en la noche de Belén viene al mundo para «entregarse por nosotros, para rescatarnos de toda impiedad, y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras» (Tt 2, 14).

« Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama» (Lc 2. l4).

Este himno , que ha entrado definitivamente en la tradición litúrgica de la Iglesia, resuena por vez primera en la noche de Belén y habla de un acercamiento singular y extraordinario entre Dios y el hombre. En realidad, Dios nunca se ha acercado tanto al hombre como en aquella noche, cuando el Hijo unigénito del Padre se hizo hombre. Y, aunque su nacimiento tuvo lugar en condiciones modestas y pobres -Jesús nació en la pobreza de un establo, como los que no tienen casa-, estuvo rodeado de gloria divina. En efecto, gloria no significa sólo esplendor externo; significa ante todo santidad.

Dios se hace parte de la historia de la humanidad y al mismo tiempo proclama la paz para ti, para mi y para toda la humanidad. Nace una nueva alianza que nos llena de alegría, de felicidad, de esperanza, de amor y vida plena.

Sobre el autor

Giovanni

Soy testigo de La Misericordia Divina. Trabajo para El Reino de Dios.

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