Menú

Beato Monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez

Beato Monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez

75. Nuestro amadísimo Beato Monseñor Romero, no sólo abrió el numeroso martirologio del año 1980. Fue el primer Obispo asesinado en este país; agregado, a que su muerte fue el fin de la pax romana. Una paz aparente que reinaba en el país, augurando una sangrienta guerra civil. Detenida únicamente por los incesantes ruegos que él dirigía a las partes contrarias. Escribiré poco de él, porque existen innumerables biografías y análisis de su vida, obra, pasión y muerte, mejor elaboradas que estas breves letras. Es el mártir más y mejor conocido del país, felizmente la Santa Sede le declaró hace dos años Beato. Seguiré el mismo esquema del resto de sus hermanos y hermanas mártires.

8.1. Nacimiento

76. El Beato Mons. Romero: Nace… en Ciudad Barrios, Departamento de Morazán, República de El Salvador, en América Central, el día 15 de agosto de 1917. Su padre fue Don Santos Romero; y su madre, Doña Guadalupe de Jesús Galdámez. Fue el segundo de los hijos de una familia extensa conformada por seis hijos y una hija: Zaida81. Su nacimiento nos colma de alegría y nos inspira -como expliqué en el Decreto de Convocatoria para el año jubilar con ocasión del Centésimo Aniversario del nacimiento del Beato Romero – a dar también nosotros, respuesta a las exigencias de nuestro tiempo de acuerdo a la fe, siguiendo las huellas de Cristo que dio su vida para salvarnos. Y, es por los cuarenta años del martirio del Venerable Siervo de Dios, Padre Rutilio Grande García S.J., el Padre Alfonso Navarro; y el primer centenario del nacimiento del Beato Mons. Oscar Arnulfo Romero, que nos gozamos, en este año 2017, en la Arquidiócesis; y, estoy seguro que también, en las demás Diócesis del país salvadoreño, sintiéndonos: llamados a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del Mundo.

8.2. Vida

77. Mons. Romero ingresó al Seminario Menor de San Miguel en 1929, es decir, a la edad de doce años. El Seminario era dirigido por los Padres Claretianos; y quien velaba, a lo lejos, por su formación – tanto espiritual como económicamente – era el Obispo de San Miguel, Mons. Juan Antonio Dueñas y Argumedo. Pasó un tiempo en el Seminario San José de la Montaña, para clausurar allí los estudios de filosofía82. Posteriormente, Mons. Dueñas, le envió a Roma, donde fue ordenado sacerdote, el 4 de abril de 1942. De regreso a El Salvador, fue: Canciller y secretario de la Diócesis, vicario general, párroco de catedral, director de asociaciones y movimientos apostólicos, director del seminario de la Diócesis, esto en la etapa de San Miguel83. En San Salvador, fue nombrado Secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES); en Centro América, nombrado, Secretario Ejecutivo del Secretariado Episcopal de América Central (SEDAC), encargándose de la redacción del boletín periódico del SEDAC. En El Salvador, Director del Semanario Orientación, Obispo Auxiliar de San Salvador; entre otros cargos. En Santiago de María, fue nombrado Obispo y fundó un pequeño semanario diocesano llamado El Apóstol; finalmente, fue nombrado Arzobispo de San Salvador. Nombramiento con el que, empieza su calvario.

8.3. Muerte Martirial

78. Nuestro amado Beato Mons. Romero asumió el cargo de Arzobispo, el 22 de febrero de 1977. Ni un mes había transcurrido de su toma de posesión, cuando su mejor amigo, el Padre Rutilio Grande García S.J., fue vilmente asesinado. Lógicamente: La muerte de Rutilio Grande… trastornó al Siervo de Dios profundamente y le planteó interrogantes sobre su misión84. Su trabajo pastoral mostraba: Los rasgos clásicos del buen obispo tridentino: la proximidad al clero, la atención a la unidad de la diócesis, la preocupación por los seminaristas, la conformidad al Magisterio, las frecuentes visitas pastorales, la aplicación escrupulosa de la disciplina canónica, el decoro litúrgico, el apego a la catedral, la preocupación de no ausentarse de la diócesis, la piedad por los enfermos y la atención por los pobres. Visitaba todos los rincones de la diócesis y constataba personalmente que existían muchas situaciones de pobreza. Un trabajo pastoral, entonces, apegado a los lineamientos del Concilio, Medellín y más adelante, Puebla. Una pastoral que anunciaba la Buena Nueva, con preferencia, más no exclusividad, por los pobres; y, denunciaba el pecado, no con mala intención sino porque, al iluminarlo con y desde la Palabra quedaba descubierto a la luz, apareciendo una realidad sumida en una pecaminosa polarización, necesitada de conversión; y en la que la Iglesia quedaba como víctima. Ambos polos intentaban manipularla a su favor; algo que, Mons. Romero no permitió: Estaba claro que su trabajo era pastoral y que ni la manipulación de unos ni las amenazas de otros iban a detener su única y verdadera intención pastoral que era de iluminar, con el juicio de la Palabra de Dios, la realidad salvadoreña para hacer emerger la verdad que salva.

79. En medio del fragor que las dos fuerzas antagónicas del país provocaban, Mons. Romero sufrió con el pueblo. Conoció de cerca y acompañó a las víctimas, así fueran, niños, niñas, mujeres, hombres, jóvenes o ancianos, seglares, agentes de pastoral, catequistas, sacerdotes o religiosas. Las amenazas fueron abundantes. Llamadas telefónicas, escritos y rumores esparcidos por aquí y por allá; no le detuvieron. Animó a esperar en Dios, animó a caminar los senderos de la paz; se opuso a la violencia, a la injusticia, a la impunidad, a la desigualdad social, a la mentira, a la corrupción, entre otros signos del anti reino. Siempre hizo: Un llamado a la conversión para todos los cristianos. y en particular: a todos los ricos y poderosos, un llamado a la justicia social y a la paz; a los guerrilleros, al diálogo y a la paz; a los grupos de la izquierda, a hacer vigente la doctrina social de la Iglesia y a la paz; y a todos los hombres de buena voluntad, a practicar la misericordia unos con otros.

80. Actitudes cristianas que le hicieron insoportable a los ojos de los señores de este mundo hasta que, el 24 de marzo de 1980, su martirio ocurrió: …en la capilla del Hospital de la Divina Providencia, por un asesino quien, desde el exterior de la capilla, ubicó un solo proyectil calibre 22 causándole la muerte como consecuencia de una profusa hemorragia. Así acabó la vida del profeta salvadoreño, aquí en la tierra; naciendo para el cielo. Ahora sabemos que ha sido reconocido a nivel mundial como Beato; mientras su mensaje sigue resonando a nivel nacional e internacional. Corresponde a nosotros hacer vida la Palabra comprometiéndonos por construir un país mejor.

 

Tomado Textualmente de II carta pastoral de monseñor Luis Escobar Alas: “Ustedes también darán testimonio, porque han estado conmigo desde el principio (Jn 15, 27)” Imagen destacada Cortesia de Arquitecto Rene Belloso, de La parroquia San Antonio de Padua, Vicaria de Candelaria.

Síguenos en

Equipo Misionero Arquidiocesano

Comisión de Comunicaciones del Equipo Misionero Arquidiocesáno.
Email: ema@evangelizacionymisiones.com
Síguenos en

Latest posts by Equipo Misionero Arquidiocesano (see all)

Sobre el autor

Equipo Misionero Arquidiocesano

Comisión de Comunicaciones del Equipo Misionero Arquidiocesáno. Email: ema@evangelizacionymisiones.com

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios recientes

Próximos eventos de La Vicaria

Videos

Cargando…

Hermanos con publicaciones recientes

Imagen de perfil
Imagen de perfil
Imagen de perfil
Imagen de perfil
Imagen de perfil
Imagen de perfil
Imagen de perfil
Imagen de perfil
Imagen de perfil
Imagen de perfil
Imagen de perfil
Imagen de perfil
Imagen de perfil
Imagen de perfil
Imagen de perfil

SUBSCRIBETE A NUESTRA LISTA DE COREOS

Agregate a nuestra lista de "Discipulos y Misoneros" y recibe noticias e información sobre la Misión Permamanente

GRACIAS POR SUBSCRIBIRTE

Pin It on Pinterest

Share This